Analítica con ácido úrico alto para explicar qué significa más allá de la gota

Ácido úrico: más allá de la gota


Seguramente has visto alguna vez en una analítica ese nombre: ácido úrico.

En mi caso nunca me había percatado demasiado de ese detalle hasta que un día el médico que me atendió me dijo:

—Tienes el ácido úrico algo elevado.

Asentí con la cabeza mientras por dentro pensaba:

¿De qué rayos me está hablando este señor?

Claro, tocaba hacer dos preguntas: ¿qué es el ácido úrico y por qué podría tenerlo elevado?

La primera prácticamente quedó sin respuesta. La segunda se resumió en algo parecido a:

—Seguramente estás comiendo mucha carne o muchos embutidos.

Rápidamente respondí:

—Ni lo uno ni lo otro.

Pero claro… mucho o poco es relativo.

La cuestión es que, al llegar a casa, lo comenté con la familia y de golpe apareció una palabra que yo había escuchado alguna vez, incluso en una serie histórica:

Gota. La llamada antiguamente “enfermedad de los reyes”.

Me miré en el espejo. No vi la corona por ninguna parte, así que seguía sin entender demasiado.

Entonces alguien de la familia me preguntó con cierta preocupación:

—¿Te duele el dedo gordo del pie?

—No —le respondí.

—¿Y alguna articulación?

Bueno… más o menos los dedos de las manos, las rodillas… pero nada grave. Dolor, dolor, lo que se dice dolor, no.

Y ahí comenzó a darme vueltas una pregunta:

¿El ácido úrico solo importa cuando aparece la gota o puede estar dándonos información sobre lo que ocurre en nuestro organismo mucho antes?

Con este artículo quiero que conozcas de una manera sencilla un poco más sobre el tema, pero también quiero compartirte mi experiencia y motivarte a que, cuando vuelvas a encontrarte ese valor en una analítica, no te quedes con los ojos abiertos como “pescado en tarima”. Vamos, como pescado congelado.

Porque…

¿Y si el ácido úrico pudiera ser interesante incluso cuando no tenemos gota?

Antes de hablar de enfermedad: ¿qué es el ácido úrico?

Bueno, vayamos entrando en materia.

El ácido úrico es uno de los productos finales del metabolismo de las purinas en los seres humanos.

¿Y qué son las purinas?

Son compuestos naturales que forman parte de nuestras propias células y, entre otras cosas, de estructuras fundamentales como el ADN y el ARN. También están presentes en numerosos alimentos.

Esto es importante porque las purinas no proceden exclusivamente de lo que comemos.

Nuestro propio organismo las produce, utiliza y recicla como parte de su funcionamiento normal.

Cuando metabolizamos las purinas —tanto las propias como las procedentes de la alimentación— se genera ácido úrico.

Simplificándolo mucho, podríamos verlo así:

purinas → metabolismo → ácido úrico → sangre → eliminación

Esquema del metabolismo de las purinas, producción de ácido úrico y eliminación por riñón e intestino

¿Y cómo eliminamos ese ácido úrico?

Principalmente a través de los riñones, aunque el intestino también participa.

Pero entonces…

¿El ácido úrico es malo?

No deberíamos verlo de esa manera.

El ácido úrico no es simplemente un “desecho malo” que entra en nuestro cuerpo porque comimos carne.

Nuestro organismo lo produce normalmente.

La pregunta interesante aparece cuando encontramos niveles elevados:

¿Existe un desequilibrio entre cuánto estamos produciendo y cuánto estamos eliminando?

MITO 1 — “Ácido úrico alto significa gota”

No.

Tener elevado el ácido úrico no significa automáticamente que tengamos gota.

Para entenderlo necesitamos saber qué ocurre.

Cuando la concentración de urato en el organismo es suficientemente alta y se dan determinadas condiciones, pueden formarse cristales de urato monosódico. Véase para más información lo que indica El American College of Rheumatology.

Esos cristales pueden depositarse en las articulaciones y desencadenar la intensa respuesta inflamatoria característica de la gota: dolor, inflamación, enrojecimiento y sensibilidad.

De ahí viene precisamente la famosa imagen del dedo gordo del pie, aunque la gota también puede afectar otras articulaciones.

Pero aquí viene lo importante:

Hiperuricemia —ácido úrico elevado en sangre— y gota no son sinónimos.

Muchas personas con hiperuricemia nunca desarrollan gota.

Por eso quiero que nos llevemos desde ahora dos ideas:

1. Ácido úrico alto NO es igual a gota.

Pero también:

2. No tener gota no convierte automáticamente un resultado elevado en algo que debamos ignorar.

Y para entender esto último necesitamos mirar algo más.

Un número que necesita contexto

Llegados a este punto quiero repetir una filosofía que encontrarás muchas veces en mi enfoque y que ya hemos utilizado al hablar de la glucosa en ayunas y de los mitos de la sal:

Una fotografía no es la película completa.

El laboratorio nos entrega un número:

Ácido úrico: X mg/dL.

¿Es suficiente para sacar una conclusión?

No.

Necesitamos hacer preguntas, como por ejemplo:

  • ¿Es una medición aislada?
  • ¿Cuál ha sido la tendencia en el tiempo?
  • ¿Cómo está la función renal?
  • ¿Qué medicamentos estamos tomando?
  • ¿Existen antecedentes de gota en la familia?
  • ¿Ha habido cálculos renales?
  • ¿Cómo está nuestra presión arterial?
  • ¿Qué ocurre con el resto de nuestros marcadores metabólicos?

Y aquí aparece algo muy interesante:

No existe un único número mágico que signifique exactamente lo mismo en todas las situaciones clínicas.

Por ejemplo, en personas con gota que necesitan tratamiento para reducir el urato, las guías del American College of Rheumatology utilizan habitualmente como objetivo terapéutico mantener el urato sérico por debajo de 6 mg/dL.

Pero cuidado.

Eso no significa que una persona sin gota que encuentre 6.1 mg/dL en una analítica necesite automáticamente comenzar un tratamiento farmacológico.

Son situaciones diferentes.

Y esto nos lleva directamente al siguiente mito.

MITO 2 — “Si no tengo gota, el ácido úrico no importa”

Aquí quiero que te lleves algo muy importante.

Cuando estudiamos poblaciones encontramos que la hiperuricemia aparece frecuentemente asociada con situaciones como:

hipertensión · obesidad · enfermedad renal · alteraciones metabólicas · enfermedad cardiovascular.

¿Significa esto que el ácido úrico elevado sea necesariamente la causa de todas ellas?

No.

Y esta distinción es fundamental.

Los investigadores continúan intentando comprender hasta qué punto el ácido úrico es simplemente un marcador, participa directamente en determinados procesos o ambas cosas dependiendo del contexto.

Existen estudios que apuntan hacia posibles relaciones causales con determinados resultados cardiovasculares y renales.

Pero la historia todavía no está cerrada.

Y aquí debemos recordar una de las reglas más importantes cuando hablamos de salud:

Asociación no significa automáticamente causalidad.

Que dos cosas aparezcan frecuentemente juntas no demuestra, por sí solo, que una sea la causa de la otra.

Podríamos imaginar nuestra salud como una serie con muchos capítulos.

Presión arterial, glucosa, función renal, cintura, triglicéridos, alimentación, actividad física, medicamentos…

Y también ácido úrico.

El ácido úrico puede aparecer en un capítulo importante de nuestra historia metabólica, pero no podemos convertirlo en el culpable de toda la serie.

Necesitamos seguir viendo capítulos.

MITO 3 — “Todo es por comer demasiada carne”

Aquí tenemos uno de los grandes mitos populares.

La historia parece tener cierta lógica:

Los reyes y la nobleza comían mucha carne.

Muchos padecieron gota.

Entonces:

mucha carne → ácido úrico → gota.

Pero las cosas no son tan sencillas.

Sí, determinados alimentos ricos en purinas pueden contribuir a aumentar el urato.

Pero la historia no termina en:

carne → purinas → ácido úrico.

Hay otros elementos que debemos tener en cuenta.

Fructosa

El metabolismo de grandes cantidades de fructosa puede favorecer la producción de ácido úrico.

Por eso merece especial atención el consumo frecuente de:

  • refrescos azucarados;
  • bebidas endulzadas con jarabes ricos en fructosa;
  • grandes cantidades de azúcares añadidos.

Y aquí quiero detenerme un segundo porque no quiero que salgamos de un mito para entrar inmediatamente en otro.

Fructosa no significa automáticamente fruta.

Una fruta entera viene acompañada de agua, fibra y una estructura alimentaria completamente diferente a la de un refresco o una bebida azucarada.

Piensa en algo muy sencillo:

¿Qué ves en los árboles en época de cosecha: frutas enteras o envases con jugo naciendo de ellos?

No convirtamos ahora la fruta en la nueva villana.

Alcohol

El alcohol también puede influir en el riesgo de hiperuricemia y gota.

No todas las bebidas ni todos los patrones de consumo tienen necesariamente el mismo efecto, pero si consumes alcohol con frecuencia merece la pena preguntarte:

¿qué bebo, cuánto y con qué frecuencia?

Purinas de los alimentos

Y sí: las purinas alimentarias también cuentan.

Vísceras, determinadas carnes y algunos mariscos pueden aportar cantidades importantes.

Por tanto, tampoco debemos irnos al extremo contrario y decir:

“La carne y las purinas no tienen nada que ver.”

Sí pueden influir.

Lo que sería demasiado sencillo es reducir todo el problema a:

“Tienes el ácido úrico alto porque comes demasiada carne.”

La alimentación importa.

Pero importa la alimentación completa.

MITO 4 — “Si el ácido úrico está alto, hay que bajarlo con medicamentos”

Este punto es fundamental.

Y tenemos que dividirlo en dos situaciones diferentes.

Primera: ¿hay gota establecida?

En personas con gota diagnosticada que cumplen determinados criterios existe evidencia clara para utilizar tratamientos que reducen el urato.

Cuando ese tratamiento está indicado, las guías recomiendan ajustar la terapia buscando habitualmente niveles de urato sérico inferiores a 6 mg/dL. Ver guía.

Segunda: ¿hay hiperuricemia sin síntomas?

Aquí cambia la película.

Encontrar ácido úrico elevado sin antecedentes de ataques de gota ni otras manifestaciones relacionadas con depósitos de urato no significa automáticamente que haya que comenzar un medicamento para reducirlo.

De hecho, las guías del American College of Rheumatology recomiendan en contra de iniciar rutinariamente tratamiento farmacológico reductor de urato en personas con hiperuricemia asintomática.

Además, aunque existen asociaciones entre hiperuricemia y diferentes enfermedades cardiometabólicas, los ensayos clínicos no han demostrado de forma consistente que tratar farmacológicamente la hiperuricemia asintomática prevenga eventos cardiovasculares. Más información.

Por eso, antes de preguntar:

“¿Qué me tomo para bajar este número?”

quizá deberíamos hacer otra pregunta:

“¿Por qué está elevado y qué significa en mi caso?”

Un marcador elevado merece interpretación; no necesariamente una pastilla.

MITO 5 — “Para bajar el ácido úrico basta con dejar los alimentos ricos en purinas”

Después de todo lo que hemos visto, probablemente ya imagines mi respuesta.

No es tan sencillo.

Si una persona tiene el ácido úrico elevado, limitarse a eliminar carne, mariscos o cualquier otro alimento rico en purinas puede dejar fuera una buena parte de la película.

Tenemos que mirar el conjunto:

alimentación + alcohol + bebidas azucaradas/fructosa + peso y contexto metabólico + función renal + medicamentos + predisposición individual.

Y hay algo que a veces olvidamos:

algunos medicamentos pueden modificar los niveles de ácido úrico.

Por ejemplo, determinados diuréticos pueden favorecer su aumento.

¿Significa esto que alguien que toma un diurético y descubre ácido úrico elevado debe dejar de tomarlo?

No.

Y quiero que esto quede muy claro:

Nunca debemos suspender un diurético ni ningún otro medicamento por nuestra cuenta para intentar modificar el ácido úrico.

Si existe la sospecha de que un medicamento puede estar influyendo, eso se conversa con el profesional sanitario que lo indicó.

Volvemos entonces al mismo punto:

No se trata únicamente de preguntarnos qué alimento debemos eliminar. Se trata de intentar comprender por qué el valor está elevado.

Riñón y ácido úrico: una relación de ida y vuelta

Aquí aparece otra pregunta frecuente:

¿El ácido úrico alto daña los riñones?

Bueno… necesitamos nuevamente contexto.

El riñón participa de forma fundamental en la eliminación del urato.

Por eso, cuando la función renal está alterada, puede disminuir su eliminación y aumentar su concentración en sangre.

Al mismo tiempo, los niveles elevados de urato aparecen asociados con enfermedad renal y siguen investigándose sus posibles efectos directos.

Por eso sería demasiado sencillo afirmar:

“El ácido úrico alto causa enfermedad renal.”

Pero también sería simplista ignorar la relación.

Una manera más prudente de expresarlo sería:

Riñón y ácido úrico están estrechamente relacionados, pero distinguir causa, consecuencia y factores compartidos no siempre es sencillo.

Qué sabemos y qué todavía estamos intentando comprender

Después de todo este recorrido, vamos a separar las piezas.

Sabemos bastante bien que:

  • El ácido úrico es un producto normal del metabolismo de las purinas.
  • La hiperuricemia aumenta la probabilidad de que se formen cristales de urato.
  • Hiperuricemia y gota no son lo mismo.
  • La alimentación puede influir en los niveles de urato y en el riesgo de gota.
  • La función renal tiene un papel fundamental.
  • Algunos medicamentos pueden modificar los niveles.
  • En personas con gota que requieren tratamiento reductor de urato, mantener el urato en los objetivos establecidos ayuda a prevenir nuevos depósitos y ataques.

Todavía necesitamos ser prudentes con:

  • hasta qué punto el ácido úrico es una causa independiente de determinadas enfermedades cardiometabólicas;
  • si tratar farmacológicamente una hiperuricemia asintomática previene enfermedad cardiovascular o renal en la población general;
  • qué nivel de ácido úrico deberíamos perseguir como “óptimo” en personas sin gota.

La evidencia actual refleja precisamente esta tensión.

Encontramos asociaciones importantes e investigaciones que sugieren posibles relaciones causales. Ver más.

Pero reducir farmacológicamente el urato en personas asintomáticas no se ha traducido de manera consistente en prevención cardiovascular.

Y esta diferencia importa.

Porque un marcador asociado a mayor riesgo, un factor que causa una enfermedad y un objetivo que sabemos que debemos tratar farmacológicamente no son necesariamente la misma cosa.

Mi experiencia personal

Regresemos ahora al principio.

Como te conté, yo también me quedé con los ojos abiertos delante del médico cuando escuché:

“Tienes el ácido úrico algo elevado.”

Antes de aquella analítica, para mí el ácido úrico prácticamente no existía.

Unos minutos después pasó a significar:

gota.

Y poco después casi podía verme vestido de rey, con corona incluida. 🙂

Pero cuando empecé a buscar, estudiar y hacer preguntas descubrí que ambas formas de verlo eran demasiado simples.

Ni podía ignorar aquel número porque no tuviera un ataque de gota, ni podía asumir que un resultado elevado significara automáticamente que tenía una enfermedad.

Empecé a mirar otras cosas.

  1. Mi alimentación.
  2. Mis hábitos.
  3. Otros valores de la analítica.
  4. La función renal.
  5. Los medicamentos que pueden influir.
  6. Y, sobre todo, la evolución en el tiempo.

Aquello reforzó una idea que hoy forma parte de mi manera de entender la salud:

Una fotografía no es la película completa.

Mi experiencia no demuestra qué causa el ácido úrico elevado en otras personas.

Ni siquiera significa que todos debamos reaccionar de la misma manera ante un resultado parecido.

Lo que sí cambió fue la clase de preguntas que yo hacía.

Y eso, para mí, fue mucho más importante que quedarme únicamente mirando un número.

Lo que NO quiero que concluyas después de leer este artículo

Después de todo lo anterior, espero que nadie salga pensando:

“Tengo ácido úrico alto, por tanto tengo gota.” No.

“No tengo dolor articular, así que puedo ignorarlo.” Tampoco.

“El ácido úrico alto es la causa de mi hipertensión, diabetes o enfermedad renal.” No podemos concluirlo así.

“Para bajarlo tengo que dejar de comer carne.” Demasiado sencillo.

“La fruta es mala porque contiene fructosa.” Ya vimos por qué tampoco podemos hacer esa equivalencia.

“Si mejoro mi alimentación puedo suspender el alopurinol.” No.

“Si tengo hiperuricemia necesito empezar alopurinol.” Tampoco.

Los tratamientos médicos deben individualizarse y no deben iniciarse, modificarse o suspenderse por nuestra cuenta.

Las preguntas que sí podemos llevarnos

Quiero repetir aquí una de nuestras mejores herramientas:

las preguntas.

La próxima vez que veas el ácido úrico en una analítica podrías preguntarte:

  • ¿Está elevado una sola vez o existe una tendencia?
  • ¿He tenido alguna vez un ataque compatible con gota?
  • ¿Cómo está mi función renal?
  • ¿He tenido cálculos renales?
  • ¿Qué medicamentos estoy tomando?
  • ¿Cuántas bebidas azucaradas consumo?
  • ¿Qué lugar ocupa el alcohol en mi alimentación?
  • ¿Cómo es mi alimentación en conjunto?
  • ¿Cómo están mi presión arterial, cintura, glucosa y triglicéridos?

Y quizá la mejor de todas:

¿Estoy intentando bajar un número o entender por qué está elevado?

Volvamos a aquel resultado

Si hoy volviera a estar sentado frente a aquel médico y escuchara otra vez:

“Tienes el ácido úrico algo elevado”

ya no asentiría con la cabeza mientras por dentro pienso:

¿De qué rayos me está hablando este señor?

Pero tampoco saldría del consultorio pensando automáticamente que la gota me está esperando a la vuelta de la esquina.

Haría preguntas.

¿Es algo aislado?

¿Cómo está mi función renal?

¿Qué medicamentos estoy tomando?

¿Cómo es mi alimentación?

¿Qué muestran mis otros marcadores?

Porque sí:

la gota importa.

Pero el ácido úrico no empieza ni termina en la gota.

Quizá aquel número no nos esté dando todavía una respuesta.

Quizá nos esté diciendo que debemos mirar un poco más.

A veces un marcador (un valor en la analítica) no nos da una respuesta. Nos invita a hacer mejores preguntas.


No se trata de ver al ácido úrico como bueno o malo, sino de aprender a mirar el contexto completo.

Si quieres aprender a observar tu salud desde una perspectiva más amplia —alimentación, movimiento, descanso y estilo de vida— puedes conocer aquí cómo trabajo.

Referencias y fuentes

  1. American College of Rheumatology. Gout. Información para pacientes.
  2. FitzGerald JD, et al. 2020 American College of Rheumatology Guideline for the Management of Gout. Arthritis Care & Research.
  3. National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Gout: diagnosis and management.
  4. Borghi C, et al. Urate-lowering therapy in cardiovascular pharmacotherapy: from Mendelian randomization data to cardio-renal-metabolic risk modulation. European Heart Journal – Cardiovascular Pharmacotherapy. 2026.

Nota de responsabilidad

Nota: Este artículo tiene fines educativos y divulgativos y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario. Las recomendaciones sobre los resultados de una analítica y en especial sobre el ácido úrico deben individualizarse cuando existan enfermedades o tratamientos que lo requieran. 

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